Controlando el pan.

31 marzo 2009

Hoy, de nuevo, comida de trabajo. Garbanzos con langostinos y rodaballo, exquisito éste último. Y allí, acechando un bandeja con un surtido de bollitos de pan. Normalmente, no podría sustraerme a ponerme ciego de pan, pero hoy, gracias a pensar que luego escribiría sobre ello, he elegido dos pequeños bollitos de pan integral (parece que hay consenso a la hora de valorar el pan con salvado como más beneficioso para ralentizar la absorción de grasas).

Pan integral

Gracias, Gordito!

P.S. Aún sigo en mis 116,5 kilos.

Una duda que me asalta a menudo, es si la manera de tratar la obesidad debe ser simplemente la de modificar hábitos alimentarios y de actividad física, o si se debe ampliar el tratamiento a algún tipo de terapia psicológica.

Pienso en esto por dos motivos:

  1. Cambiar de hábitos es una cuestión más bien psicológica, de fuerza de voluntad, etc.
  2. A la hora de enfrentarme a la comida, lo hago en ocasiones con absoluto descontrol, con gula. Me recuerdo a veces a un drogadicto que no se puede refrenar a la hora de consumir su dosis. ¿Es correcto enfocar el tratamiento como si fuera yo un adicto, en este caso, a la comida? Recuerdo que Barry Sears, el autor de la “Dieta de la Zona” , habla de la comida como la droga más potente que podemos consumir. Por cierto, una dieta con sus detractores y sus defensores, pero que me parece muy difícil de cumplir, pero esto es otro artículo… 
    Adicción a la comida
Me gustaría conocer opiniones sobre esta visión de adicto que puedo apreciar a veces mirándome a mí mismo.

Por aquello de que los objetivos deben ser medibles y alcanzables en el tiempo, de mis 37 kilos de sobrepeso que me planteo perder al final, voy a establecer como primera estación bajar a 100 kilos, que es un número redondo y que supone ya una pérdida de 17 kilos, algo nada despreciable.moneda 100 pesos1

Efectivamente, lección aprendida. Hoy he tenido una comida de trabajo (lasagna de verduras,  rodaballo con puré de boniato y cuajada con miel, además de dos cafés con leche), y he salido con sensación de pesadez, con lo que en la cena con mi familia no he comido nada, sólo he ayudado a cenar a mis hijos, pensando que tal vez con un yogur llegaría a la cama sin hambre…

Craso error: a las 23:30 h.  estaba que me moría de hambre, y he tenido que comerme ese yogur detrás de una baguette de lechuga, tomate, fiambre de pavo una loncha de queso y dos sobrecitos de mayonesa y uno de ketchup.

sandwichvegetal

 

No puedo negar cierta sensación de remordimiento… Lección aprendida: no volverme a saltar una comida.

Bajar de 117 kilos a 80… desde luego, todo un reto. Un día pesé esos 80, incluso algo menos, pero ya se sabe, dejar de hacer deporte y un apetito voraz, no son conceptos compatibles con una lectura amable de la báscula 😉 .

Así que, con este curioso binomio escribir un blog – plan de pérdida de peso vamos a hacer la prueba de ver cómo esta mezcla de catarsis y reflexión me ayuda en mi propósito de recuperar mi peso ideal.

Estaba en mi peso ideal con 20 años, y a mis 34 estoy notablemente desviado del mismo, con una obesidad manifiesta.

La razón principal que me hace tomar la decisión es lo increíblemente incómodo, y físicamente entorpecedor que es un sobrepeso como el mío. Estoy convencido de que desde un punto de vista estrictamente médico se puede decir que la obesidad es incapacitante.

Las razones médicas, también pesan (nunca mejor dicho), con el mismo nivel de prioridad que la incomodidad manifiesta que produce estar gordo. Estas razones están muy vinculadas con las emocionales que cuento más abajo.

También tengo el deseo de verme mejor desde un punto de vista estético, no sólo son ellas las que sienten la presión de estar esbeltas 😉 .

Y por útimo y no menos importante, tengo razones emocionales muy claras: pensar en la obesidad como enfermedad de largo plazo, significa enfrentarse a una serie de riesgos como la diabetes, la hipertensión arterial, y otras comorbilidades por las que no quiero pasar (me aterran) ni hacer pasar a mi familia. Igualmente, el tener hijos, me hace pensar que quiero darles el mejor ejemplo, y comer como lo hago yo, seguro que no es nada edificante.